Matar al mensajero, una vez más

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15 octubre, 2012

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Nota de opinión del diputado Alfonso Prat Gay publicada en el diario El Cronista. Leer más

Marcó del Pont decidió desactivar el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado), herramienta creada durante mi gestión al frente del BCRA. Entonces entendíamos que confrontar nuestras expectativas con las de los demás nos hacía más creíbles y más transparentes. Al publicar los pronósticos promedio de 55 instituciones suprimimos cualquier clase de exclusividad en el acceso a la información y socializamos el análisis de los especialistas. A nosotros nos servía conocer lo que pensaban los demás, aún cuando no siempre pensaban lo mismo que nosotros. De hecho, las proyecciones del REM rara vez coincidían con las nuestras. Pero en vez de silenciar al que piensa distinto, admitíamos la discusión en el convencimiento de que ésta enriquecía las políticas públicas y su transparencia. En vez de callarlos, les demostrábamos, en la acción, que podíamos tener razón. Como cuando bajamos la inflación del 40% al 4%: ningún pronóstico era inferior al 25%. La verdad nos hacía libres y creíbles. Cuando no hay nada que ocultar, la opinión del otro no molesta.
El REM era apenas uno de los tantos componentes de una profunda reforma en materia de transparencia en la gestión que llevamos a cabo durante esos casi dos años. Transparencia que siempre entendimos como obligación y precondición republicana para lograr una creciente credibilidad en nuestras políticas. Matar al REM es una muestra más de lo opuesto: la escasa transparencia y baja credibilidad de las autoridades actuales, que creen que los argentinos somos tan tontos que nos pueden tapar el sol con la mano, negando la inflación, las restricciones cambiarias, la inocultable pobreza.
No sorprende, ya que el relato kirchnerista no admite retrocesos ni sinceramientos. Hay que matar al mensajero, antes que encarar los problemas. Ya sea el INDEC, las asociaciones de consumidores, los índices provinciales, el profesionalismo del Banco Central de la República Argentina, los organismos de control, los jueces. Las ofrendas que se van sacrificando en el altar del relato son una medida cada vez más cabal de su propia debilidad. El cepo de opinión -la persecución del que piensa, opina o pronostica distinto- es el paso natural cuando ya no puede sostenerse la mentira. Ambos, la mentira y la persecución del distinto, son los rasgos distintivos del autoritarismo

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