Los Colaboracionistas

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19 diciembre, 2012

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Nota de opinión de la diputada nacional Hilma Ré

Hace un tiempo me encontré con un antiguo conocido, ayer cómplice colaboracionista de la dictadura y hoy cómplice colaboracionista del oficialismo kirchnerista.

En determinado momento y habiéndose él referido al pasado me llevó por los laberintos remotos del tiempo hasta el año 76 y a las circunstancias de nuestro mutuo conocimiento.

Al recordarle con quien trabajaba, inmediatamente buscó exculparse: Estaba recién recibido, casado con hijos chicos, en fin las excusas si se quiere nunca faltan.

Ahora seguramente tiene otras y mañana, algunas más.

Reflexioné sobre los tiempos oscuros del pasado y sobre los del presente. Siempre en los totalitarismos hay gente aparentemente inocua, que pasa algo desapercibida y colabora. No parecen peligrosos al lado de los talibanes pero son los que le dan sostén y ayudan a darles apariencia de cierta normalidad.

Me vino a la memoria una frase de una compañera de entonces y amiga de siempre: No hay gente más peligrosa que los boludos,  decía ella, porque te hacen daño y no se dan cuenta.

Los brutos trabajadores dirían el general, copiando a un general alemán, siempre copiando a alguien.

Los que le dan sustento a los regímenes que te privan de tus derechos primero y por último de tu Libertad.

A veces profesionales que se esmeraron en estudiar para terminar de sirvientes o apoyo técnico de delincuentes sin preparación y sin escrúpulos para hacer daño a sus semejantes.

Por supuesto siempre sacan su tajada, no lo hacen por amor al arte.

Siempre hay excusas. “Hay que vivir, che” te dicen. Sí, hay que vivir pero vivir con Dignidad.

¿Conocen esta palabra? Tal vez, pero es seguro que no la practican.

Siempre en los tiempos oscuros soñamos con la justicia de mejores tiempos por venir. No dejemos de soñar, soñar con juzgar a sus amos pero también a los Colaboracionistas.

Mientras tanto aprendamos a ejercer la condena social, no todos son lo mismo, no todos son iguales como pretenden hacernos creer. Dejémoslos solos, en las reuniones, en los sitios públicos, en la vida.

Mientras esperamosla JUSTICIA, ejercitemos la condena social.

Dicen los estudiosos que es el único freno para los corruptos. No tengamos pena por ellos, ellos jamás la tendrán por nosotros; puede ser que así comprendan el daño que hacen y se den cuenta, o por lo menos empiecen a dudar y a no inventar excusas para justificarse.

Son los que colaboran para que todo siga igual, para que siga la Impunidad, los colaboracionistas.

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