Algunas enseñanzas que deja la negociación del salario mínimo

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31 agosto, 2012

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Nota de opinión del diputado Prat Gay publicada en el diario El Cronista Leer más

Por primera vez desde “que empezó la historia” (léase desde mayo de 2003) no estuvo el compañero Hugo Moyano. Por primera vez se coló el dólar paralelo en las comparaciones (pobre compañero Gerardo Martínez: habló de las brujas azules, que las hay y que la Presidente no quiere ver). Como cada vez desde que Moreno reinventó la historia, la inflación que publica el Indec no fue parámetro para la discusión (Hugo Yasky lo dijo fuera de la reunión, y se salvó del reto de la Presidente: “si creyera que la inflación es del 8% no hubiéramos pedido un aumento de 25%”; misma sinceridad brutal, más picardía).
Como casi siempre desde que empezó la historia, el aumento del salario mínimo vino desdoblado. Esta vez era más necesario que nunca. ¿Por qué? Porque el empleo cae y ya no hay tanta plata. Y porque subirlo de golpe a $2.875 hubiera puesto en evidencia la necesidad del reclamo del gran ausente: el ajuste de las asignaciones familiares. Con el esquema actual, a partir de un sueldo de $2.800 las asignaciones por hijo bajan de $270 a $204. Como por definición no hay sueldo inferior al mínimo, la decisión de ayer implicaba en la práctica una reducción de todas las asignaciones familiares en los tramos más bajos de la escala salarial formal. Los Kirchner pueden mentir hasta el ridículo (como que se come con $6 diarios) pero saben bien que nunca hay que empañar el anuncio de una buena noticia con otra mala.
En consecuencia, queda pendiente la modificación de las asignaciones familiares, antes de febrero. De lo contrario, un asalariado que hoy cobra el salario mínimo y tiene hijos, percibiría un aumento muy inferior al 25%, es decir inferior a la inflación, parafraseando a Hugo Yasky. Por ejemplo, para el que tiene 4 hijos el salario de bolsillo subiría tan sólo el 9,2% – justo la inflación del Indec.
Queda pendiente también la actualización del mínimo no imponible, un reclamo de siempre de nuestra fuerza y de otros sectores opositores al que se sumó Moyano ahora que no es más gobierno. En reiteradas ocasiones hemos presentado proyectos para la suba del mínimo no imponible, en defensa y cuidado de los trabajadores. Sistemáticamente, el Gobierno Nacional evitó por todos los medios el tratamiento del tema. El proyecto de ley que presentamos hace unos meses junto con la UCR, el Peronismo Federal y el Frente Cívico por Córdoba grava la renta financiera a cambio de desgravar las jubilaciones y la renta laboral para quien perciba ingresos mensuales inferiores a cuatro salarios mínimo vital y móvil. Hacerlo no tendría impacto fiscal negativo, impulsaría el consumo, y eliminaría una injusta discriminación del kirchnerismo a favor de los bonistas. Como consecuencia de esta discriminación se llegó a que 1,7 millones de empleados (la cuarta parte de los empleados registrados en relación de dependencia) y más de 150.000 jubilados del régimen regular paguen ganancias. Un bonista no lo hace por los intereses que percibe.
Con nuestro proyecto, el salario de bolsillo a partir del cual empieza a pagar ganancias un soltero pasa de $ 5.782 a $10.680. Beneficia a casi un millón de asalariados. Si no quieren darle el gusto a Moyano ahora que es enemigo, sugiero que lo dejen en manos del Congreso y que contemplen nuestro proyecto. Después de todo, es quien debe decidir en materia tributaria, como bien lo establece la Constitución.
Hubo también en la reunión un acto fallido que es toda una definición. La Presidente dijo que el salario mínimo, que se cobra en pesos y se gasta en pesos, ¡ahora vale “u$s 650”! Para que fuera cierto, el dólar debería valer entre 4,10 y 4,30. Alguien debería explicarle que, gracias a la inflación de estos últimos años, u$s 574 (es el número correcto) compran exactamente la mitad de los bienes que compraban cuando empezó la historia en mayo de 2003 -el dólar vale la mitad que “cuando empezó la historia”-. No vaya a ser que se entusiasme tanto con las comparaciones en dólares que busque nuevos récords de atraso cambiario.
Hubo una época muy triste en la que el salario mínimo (en dólares de hoy) era incluso mayor al actual. No es que aquél salario fuera alto -a aquella dictadura no le importaba demasiado-. Era una política de dólar barato. La política cambiaria actual, sus comparaciones, y sus argumentaciones a favor se parecen todas y mucho a las de aquella época.

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